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PENSAMIENTO ECONÓMICO

En esta sección encontrará pensamiento económico en estado puro, teoría económica de alto nivel intelectual.  Quizás este apartado del portal web sea el de menos acceso al público general, por su a veces denso razonamiento teórico, no siempre a la altura de ser comprendido en profundidad por todo tipo de públicos.  No obstante, intentaremos hacerlo lo más ameno posible y lo más claro y sencillo que seamos capaces.  En esta sección no aprenderá el visitante cosas prácticas para su día a día ni lecciones que necesariamente mejoren su propia situación personal o empresarial.  Lo que en este lugar se aprende es a pensar con rigor y a asimilar todos los principios económico-morales generales que conducen a cualquier sociedad a un estadio más avanzado de libertad, justicia y progreso económico y humano.  Sabemos que estamos librando la batalla de las ideas y esperamos, con esta visión y a través de este portal web de EDUCACIÓN ECONÓMICA, contribuir a la difusión de algunos de los principios que deben regir en cualquier comunidad humana, y de este modo ayudar a crear la base social, o sea la base intelectual que permee la sociedad desde abajo, que permita en un futuro no muy lejano llevar estos principios a su aplicación práctica en todo lugar, a pesar de los fuertes intereses actuales de los poderosos (tanto del gobierno como del paragobierno) para impedirlo.

Para nosotros, la Economía no es definida como el medio principal por el cual oprimen unas clases sociales a otras y a la vez el medio principal de la redención humana (Marx), ni tampoco es definida como la ciencia que estudia la utilización de medios escasos susceptibles de usos alternativos para la satisfacción de las necesidades humanas (Robbins), porque son concepciones muy estrechas (mucho más la primera que la segunda).  Para nosotros la Economía es una teoría sobre los procesos de interacción social, una ciencia que trata sobre todas las acciones humanas, más allá de una mera teoría sobre la elección económica.  El hombre no es un autómata que se limita a reaccionar de forma pasiva ante los acontecimientos, ni un sujeto pasivo al que se intenta analizar, comprender y explicar con números, derivadas, planos cartesianos, curvas ni funciones matemáticas.  La ciencia económica debe partir siempre del ser humano real, de carne y hueso, considerado como actor creativo y protagonista de todos los procesos sociales, pues “la teoría económica no trata sobre cosas y objetos materiales; trata sobre los hombres, sus apreciaciones y, consecuentemente, sobre las acciones humanas que de aquéllas se deriven” (Von Mises), y por tanto quizás nada haya hecho más daño a la Economía que “el endiosamiento de la razón, de la ciencia y de la técnica, manifestados a lo largo de este siglo en el triunfo de una concepción “cientista” que, de manera torpe y mecanicista, ha pretendido aplicar al campo de las interacciones sociales una metodología que inicialmente se formó para las ciencias naturales y el mundo de la física” (Huerta de Soto).

El ideario libertario reconoce el papel fundamental y positivo, para el progreso económico y social, de la empresa, de la libertad de mercado, de la propiedad privada y su consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, y considera más peligroso que beneficioso el papel del Estado en la organización social.  Pero que esto no confunda al lector desprevenido respecto a nuestra postura, desde la que rechazamos no solamente el socialismo, sino también las corrientes que defienden las tesis de economía de mercado basándose sólo en términos de optimización y eficiencia utilitarista, excluyendo el componente ético de la Economía, y que sostienen que no es preciso que los hombres adapten su comportamiento a ninguna regla pautada de tipo moral, por lo que creemos que tales autores contribuyen, sin darse cuenta, a darle armas y argumentos teóricos a aquellos que propugnan (supuestamente desde una base moral) la intervención estatal e incluso el socialismo marxista.  Debemos acabar con el monopolio de la “argumentación moral” que hasta ahora han aprovechado los políticos intervencionistas de derechas y de izquierdas por culpa de aquellos otros teóricos de libre mercado, con los que nos diferenciamos en considerar que el criterio de eficiencia desde luego no es suficiente y no puede ser suficiente para defender la economía de mercado.  Creemos que es preciso defender el carácter ético y moral de la Economía, cosa que al final ni siquiera consigue el socialismo, un sistema económico en el que se pretende que el gobierno coordine vía mandatos coactivos la sociedad civil, y en el fondo sin necesidad de someterse a principio dogmático alguno de tipo moral, solamente en apariencia.

Nuestra oposición radical al socialismo y a cualquier tipo de intervención estatal en las vidas de los ciudadanos y de las familias consiste en que no solo es inmoral en sí mismo, sino que además necesariamente produce conductas inmorales en las personas sometidas a tal sistema.  Cualquier ojo atento observará que los seres humanos que utilizan éticamente su ingenio y creatividad empresarial, pero que son coaccionados o dirigidos por el Estado, eventualmente siempre terminan entendiendo que es más fácil lograr sus fines si dedican su tiempo, dinero, actividad e ingenio humano a tratar de influir sobre los mecanismos políticos de toma de decisiones para su propio provecho, que si siguen dedicándose a tratar de descubrir y coordinar los desajustes sociales, sirviendo en el mercado a sus conciudadanos y aprovechando las correspondientes oportunidades de ganancia que tales desajustes generan.  El Estado intervencionista en sí mismo tiende a impedir que cada miembro de la sociedad aprenda a disciplinar su comportamiento en función del de los demás y crea un gran estímulo para que los individuos y los pequeños grupos de poder se esfuercen en hacerse con el control del poder político, o al menos con la capacidad de influir sobre el mismo, incluso con sobornos y chantajes, directos o velados, con la finalidad de utilizar los mandatos coactivos gubernamentales para imponer por la fuerza a los demás ventajas y privilegios de tipo particular.  Los ciudadanos, como fruto del intervencionismo estatal, van siendo incentivados a perder el hábito de comportarse éticamente, y este hecho refuerza el vínculo intrínseco de cualquier forma de socialismo con la inmoralidad.

Ahora bien, la doctrina contraria al socialismo, o sea la libre interacción entre ciudadanos libres, debe argumentarse desde el carácter ético de la acción humana y su análisis debe tratar a la persona en su integridad, y no de un modo reduccionista. Cuando hoy se habla de Economía, todo el mundo inmediatamente piensa en curvas de oferta y demanda, en cantidades y en precios, en bolsa y en divisas.  Esto ocurre porque en la ciencia económica habitual impera una visión tecnicista del hombre, donde la conducta humana se juzga determinada solamente por cálculos y valoraciones de costes y beneficios a través de un criterio de maximización de fines a partir de medios dados, y de ahí el famoso concepto homo oeconómicus, cuando en verdad detrás de la oferta y la demanda hay personas reales y concretas, cada una con sus propias particularidades. En el fondo, aquí no pretendemos ni siquiera ofrecer una explicación complementaria de aquel modelo dominante, acaso sugiriendo que está bien pero no completo, porque lo que hacemos es una crítica abierta y radical, y señalamos las deficiencias de la aproximación económica al comportamiento humano basada en tal homo oeconómicus, ese invento teórico de racionalidad perfecta despojado de las características verdaderamente humanas.

Nosotros queremos presentar el origen humano de la Economía, donde la economía es el medio y nunca el fin, y atacar la visión constructivista del liberalismo basado en el homo oeconómicus.  Frente al liberalismo cientificista, que pretende reducir todo lo humano a términos monetarios, proponemos un libertarismo humanista, en donde las relaciones de mercado tan solo quedan integradas dentro del espectro mucho más amplio de las relaciones humanas.  Dada la trágica trayectoria del socialismo marxista en el siglo XX, y supuesta la insostenibilidad estructural del sistema socialista liberal y del Estado de Bienestar en el siglo XXI (no le quedan muchos años de vida a este agonizante sistema), el ideal libertario es el que se presenta con más posibilidades de triunfar en el futuro.  Dicho ideal conduce al sistema político, económico y social más fructífero y eficiente que puede haber, y sobre todo el más acorde con la moral objetiva y el más compatible con la naturaleza del ser humano, mientras que, por el contrario, el intervencionismo del Estado y la acción de los grupos de interés que lo respaldan son esencialmente inmorales.

La doctrina libertaria tiene su origen en la tradición más clásica del pensamiento filosófico griego y de la ciencia jurídica romana, conservándose y reforzándose en la filosofía medieval, y desarrollándose posteriormente en el sano humanismo renacentista, principalmente en el pensamiento salmantino (Escuela de Salamanca) del siglo de oro españolLamentablemente este desarrollo intelectual luego se vio interrumpido, sobre todo a partir del triunfo de la Reforma protestante en Europa, porque ésta elimina los controles y contrapesos que limitaban el poder de la autoridades seculares, facilita la concentración del poder y refuerza la capacidad de tiranía de los gobiernos; pero mucho más gravemente se vio truncado a partir de la triunfo de la modernidad, en concreto con la distorsión filosófica anglosajona de la tradición iusnaturalista continental, que eventualmente deriva en el muy desviado liberalismo de Adam Smith, quien sin quererlo a su vez propicia el posterior utilitarismo de Jeremy Bentham, y que junto con otras fuerzas intelectuales europeas provoca el surgimiento de una tradición de ingenieros sociales que pretenden moldear la sociedad a su antojo utilizando el poder coactivo del Estado.  También la apostasía de la libertad de Stuart Mill y sus concesiones al socialismo se mezclan con el triunfo del racionalismo constructivista cartesiano, lo que explica el posterior dominio intervencionista del socialismo cientificista.  Todo ello posteriormente deriva al totalitario siglo XX, donde primero se experimenta un triunfo parcial y temporal del comunismo y del fascismo, y luego, tanto por la caída de aquellos sistemas como por la influencia intelectual de Keynes, finalmente (hasta la fecha) culmina en la victoria e imposición social y doctrinal del socialismo liberal, o del liberalismo socialista, o del paradigma neoclásico en sus distintas vertientes, keynesiana, walrasiana o, en menor medida, de la escuela de Chicago. Afortunadamente, los restos de la doctrina libertaria y iusnaturalista que casi se abandonó al culminar el siglo de oro español, fueron retomados en Austria a partir de 1871 y poco a poco tal ideario ha ido recuperando fuerza en el mundo entero y retomando su desarrollo intelectual con recientes pensadores, de tal modo que hoy en día se avanza en el perfeccionamiento de esta teoría económica de la acción humana, y de la cual este portal web pretende ser reflejo.

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